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sábado, 9 de julio de 2016

La crisis de los nueve años




Durante los primeros siete u ocho años nuestros hijos han vivido con total y plena confianza hacia nosotros, imitando todo lo que ven y lo que hacemos, han desarrollado su pensamiento, sus sentimientos, su modo de moverse y de actuar a partir de los incentivos que le hemos entregado de manera consciente o no.
Ya cuando llegamos a los nueve años se terminaron los porqués, pasaron los miedos nocturnos y empezamos a sentirnos cómodos con nuestro estilo y habilidades de crianza y entonces como una tormenta que no se vio venir, nuestro dulce peque cambia por completo, ha llegado a una etapa de introspección, en la que intentará captar todo lo que le rodea para asimilarlo y redefinirlo por sí mismo.


Si a los siete años se inició en la vida de nuestros hijos una importante apertura social, a los nueve y diez años el juego, el grupo y la cooperación adquieren una mayor importancia en sus vidas.
Durante el año anterior, a los ocho años surgieron las primeras mentiras conscientes y a los nueve se enfatizará esta faceta debido a que ya está generando su propia opinión y deseos de independencia.
Los niños de nueve años son inflexibles en los juicios que se forman, Se desarrolla en ellos la conciencia de grupo que conforma la conciencia individual o como la conocemos su ÉTICA .
A partir de esta edad nuestro peque desarrollará la empatía hacia los demás, será capaz de reflexionar con cierta profundidad y comenzará a elaborar su propia opinión sobre las cosas. En definitiva, ya no será tan infantil y su pensamiento se formará y conformará con mayor madurez, este proceso interno dará paso a su propia MORAL.

También a esta edad, volverán los miedos, aflorara todo lo que les perturba y volvera a ponerse de manifiesto, aparecerán también nuevos temores (por ejemplo: frente a la oscuridad, frente a la salida de los padres, que a los padres les pueda pasar algo), comenzarán a conjeturar que la muerte es algo definitivo y se formularán preguntas al respecto. Todos los pediatras saben por experiencia propia, que es esta edad, el tiempo con la mayor incidencia de padecimientos psicosomáticos, tales como dolores de vientre, dolor de cabeza, angustia escolar, etc. 
Nuestro rol, como siempre, es mostrar cariño y ayudarles a superar esos temores acompañándolos y explicándoles.

Si su imaginación aún no se ha visto mermada, descubrirás lo mucho que le gusta decir "¿Te imaginas…?" y se sumergirá en fantasías creadas espontáneamente, que nos mostrarán como se va construyendo su ser interno.
Se cuestionarán la pertenencia al grupo familiar,se cuestionarán si en verdad son amados y valuarán cada gesto de amor que les entreguemos.

Aparecerán también la apatía y la resistencia ¿por qué tengo que limpiar mi cuarto? ¿por qué tengo que hacer lo que dices? ¿por qué tengo que estudiar? ¿por qué no puedo ver televisión todo el día?
También aparece la irritabilidad,  frases como "No es justo" o "porqué a mí" se hacen comunes y ante cualquier situación se generan pleitos o discusiones entre hermanos, amigos y hasta con nosotros.



Aparece también una nueva conciencia con referencia al cuerpo propio. El niño, por ejemplo, de pronto cierra la puerta del baño ( un real sentimiento de pudor y el deseo de ocultar el cuerpo también frente a nosotros, a menudo se produce recién con la entrada a la pubertad).

Comprender este período de  transición es sumamente importante para poder acompañar a nuestro hijo en esta etapa. De otra manera, podríamos mal entender sus comportamientos como algo personal en nuestra contra, siendo que no es así.
Debemos tener en cuenta que es en esta época entre los 9 y los 11 años que aparecen nuevos intereses, modos de comportamiento y nuevas metas de vida, que a veces cobran influencia sobre toda la vida restante, por esto la forma de enfentar la vida depende en gran parte –no en todas- del comportamiento que con el niño se haya tenido en este período de la vida.


Si hemos formado con nuestros hijos un vinculo sólido, basado en el respeto y el reconocimiento, podremos entender esta etapa "pre puberal" como el llamado de nuestro hijo a ser su fuente de creatividad y amor y demostrarles al mismo tiempo, que somos personas diligentes y competentes, en las cuales pueda depositar su confianza. Esta llamada es silenciosa, no articulada y no puede ser respondida con palabras bonitas.
Los niños de esta edad, solo se orientarán anímicamente en nosotros, los adultos, cuando así quieran hacerlo, y solamente podrán quererlo, si obtenemos validez frente a ellos, por nuestra integridad y nuestra competencia, es a los 9 años cuando somos evaluados y durante un proceso largo de alrededor de 3 o 4 años seremos mirados bajo la crítica, para decidir el valor de nuestra compañía, de nuestra opinión y de nuestro mensaje.



Si este proceso ha sido respetuoso nuestro peque alrededor de los 12 o 13 años ya podrá ver el mundo con sus propios ojos y será capaz de enfrentarse a la vida con aquellos consejos y valores que sobrevivieron al escrutinio.
A partir de los 12 o 13 años nuestros hijos se diferenciaran de la naturaleza externa, se identificarán como seres individuales e iniciaran el paso por la adolescencia con las herramientas que les hayamos entregado en estos años.  

Nadie dice que será fácil, creo incluso que esta etapa es aún más difícil que la adolescencia misma y mucho más decido a en el carácter y la personalidad. El arte de educar y criar a nuestros hijos no es algo que pueda aprenderse de manera abstracta, las personas no nos formamos de manera abstracta, no bastan las palabras, debemos mostrar las obras.
Por último sólo puedo decirles que acompañemos con amor a nuestros peques en esta etapa en la que, por primera vez, sienten que están dejando de ser pequeños.


Karla Piccardo 
Psicóloga