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martes, 7 de junio de 2016

Matando monstruos, derribando mitos...



“¡Soy pirata! ¡ Te llevaré con el Bacalao!”, grita mi peque de 2 años blandiendo un sable bucanero, se acompaña de su papá armado de espada y parche, sus hermanas con garfios y patas de palo.
Ante esto habrá quienes no se inmuten, otros que se reirán y lo encontrarán simpático y algunos que se asustarán y dirán que un niño no debe jugar con sables, espadas y demases, y es que  la cuestión para estos últimos es si los niños deben o no jugar juegos bélicos, esos que llevan sables de piratas, pistolas de vaqueros y espadas láser de jedis.



Y es que claro últimamente hasta el juego debe tener algún fin educativo y ¿Cuál sería el fin educativo de jugar con armas?  ¿son sólo la expresión de la violencia que nos rodea? O tal vez ¿son estos juegos y juguetes los que fomentan y dan forma a la escalada de violencia en nuestra sociedad?

Quienes creen que los niños no deben jugar con juguetes bélicos son de la idea de que lo mejor para un niño y para la sociedad, es que crezcan jugando con principios de paz y colaboración, evitando lo máximo posible enfrentar al niño con la violencia ¿pero acaso no es violento prohibir y negar? No es acaso otro tipo de violencia menos gráfica pero más común ¿ no es a caso someter al otro a mis ideas, una idea violenta en sí?
Quienes consideran que no se debe jugar con recursos bélicos  se preguntan si ese juguete contribuye a que el niño llegue al destino educativo que les gustaría como padres ¿jugar con pistolas o espadas le va a hacer más tolerante, solidario, comprensivo, empático, feliz? Y claro, no les parece que estos juegos y juguetes vayan a entregar algún valor positivo.



Muchas veces nos topamos con el hecho de que los niños tienen una agresividad innata casi como un instinto de supervivencia que viene en la memoria genética. Esta energía bélica, de enfrentamiento y lucha no consciente está a flor de piel en los primeros años y como padres tratamos de educar en la "no violencia" decirle al niño que imponerse a otro no está bien, que hay otras maneras de resolver los conflictos y es este discurso el que choca con permitir el uso de herramientas violentas en el juego.

Para Matias Fernández, Psicólogo senior "las armas y lo que representan y vehiculizan son parte de la amplitud del espectro humano. En la dimensión del juego también podemos explorar todas las dimensiones de la experiencia de la agresión, la violencia, el dominio y anulación del otro. Como en casi todo, la cuestión no es el *qué* sino el *cómo* , el uso que se hace de algo y ahí se vuelve crítico, el cómo acompañamos los adultos la experiencia del juguete bélico."
Asegura que él no los ofrecería, que estos  llegan sólos y  "una vez que están ahí, cada padre y madre debe acompañar la experiencia ayudando abiertamente a que los niños exploren las consecuencias del uso de la fuerza como modo de relación. Eso es educar. Prohibir no es educar".


Yo creo que los niños deben tener la libertad para jugar a lo que quieran, eso es el juego libre. Ellos deciden a qué y como jugar, el juego les ayuda a conocer el mundo y a enfrentarlo.

En la pedagogía Waldorf el uso de elementos al estilo de espadas, flechas, varitas, tiene que ver con el desarrollo de cada uno,con estos elementos los niños se defienden, botan tensiones, acaban con miedos, forman parte del imaginario del niño y les ayudan a enfrentarse a diferentes situaciones.
Son armas usadas por los héroes y heroínas de los cuentos, se prestan para luchas heroicas en las que el vencedor atiende con respeto al vencido, generalmente los juegos que involucran el uso de espadas, escudos y varitas mágicas tienen la presencia de valores como la amistad, proteger a los otros, defender.
Son herramientas que les permiten seguridad y les aportan mucha energía ya que son armas utilizadas para enfrentar, para vencer miedos y peligros, no enemigos... al menos así se instaura en quiénes nutrimos el mundo de la fantasía con cuentos.
Por contra parte las armas de fuego "desfogan", matan a un enemigo, no se usan para defenderse sino para atacar y dañar, incluso el concepto de muerte se asocia de manera rápida a un arma de fuego, asociamos la guerra, la imposición de la fuerza, la sumisión del otro y allí hay una diferencia enorme...

¿Cuál es el límite? El límite siempre es no hacer daño al otro, hay que ver estos juegos con naturalidad, como una parte del mundo interno de nuestros hijos, como lo que es,  simplemente un juego, no le demos connotaciones que no tiene, porque si hay miedo, es nuestro miedo, el miedo del adulto, no el del niño. 
Eso es el juego libre, es el niño creando y recreando su mundo.



Claro la cosa cambia si hablamos de videojuegos, porque en ellos el niño es un  sujeto pasivo de una historia que le propone alguien externo incluso a su entorno real, allí necesitamos que el niño tenga ya un criterio o una madurez que le permita entender que eso no es real y que la violencia se debe limitar a ese espacio, también es bueno limitar el tiempo que se da a este tipo de juegos.

Lo importante como siempre no es el objeto que se usa para los juegos sino los valores que envuelven el juego, es bueno fomentar juegos cooperativos, que valoren la empatía, la protección, la justicia, etc; siempre pensando en generar buenas relaciones y por encima de todo pasarlo bien, que es la idea principal del juego.

Entre mis amigos y parientes la opinión no está dividida, todos permiten el uso de juguetes bélicos bajo la supervisión parental, la presencia constante y la orientación son los tópicos más comunes a mi entorno, la enseñanza a modo de arte marcial, el respeto hacia lo que es un arma y lo que puede provocar.

Pero claro todos pensamos en violencia cuando vemos un arma de fuego o una espada pero todos sabemos que una pelota también puede provocar violencia, hemos visto como cuando el juego se convierte en una competencia sin control que escapa al espíritu de juego y muchas veces el único objetivo es ganar y aplastar al contrincante y no consideramos que sea peligroso jugar con una...


Entonces llego a la conclusión de que la violencia está en nuestras mentes porque alguien la ha puesto allí, no fueron nuestros juegos, aquellos en los que éramos héroes y heroínas...
Sigo mirando a mi hijo que ahora toma su espada para enfrentarse al monstruo del desorden, para defender a su hermana de una araña, para salir y pasar frente a la casa de ese perro que  siempre ladra.... no esa espada, no es un arma, esa espada es una herramienta para mi hijo y su imaginario.



Recomiendo ampliamemte el libro "Matando Monstruos" de Gerard Jones allí se expresan ideas de porqué los niños necesitan fantasía, superhéroes y violencia imaginaria...

Karla Piccardo